Los fusilamientos de Paracuellos, el crimen de los republicanos en la Guerra Civil.

El estudio de las matanzas perpetradas por republicanos en el Madrid de la Guerra Civil ha estado teñido, durante años, de controversia. 

 El historiador británico Julius Ruiz aporta en «Paracuellos. Una verdad incómoda» (Espasa, 2015) un relato equilibrado de los crímenes, repasando las disputas historiográficas que estudiosos de izquierda y derecha han mantenido estas últimas décadas. Ambos, como analiza en su trabajo, solo han sido capaces de ponerse de acuerdo en un punto que, además, es erróneo: que los asesinatos fueron incitados por los soviéticos, en concreto por los miembros de la policía secreta comunista, la NKVD, que pululaban por Madrid.

El escritor sacaba esa conclusión por las comparaciones que hacía con la matanza de Katyn. Allí, en ese bosque, en la primavera de 1940, 22.000 polacos asesinados por los comunistas habían sido enterrados tras recibir un tiro en la nuca. En abril de 1943, tres años después, Giménez Caballero presenció, como reportero de ABC, la apertura de las fosas.

Según el historiador, el Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP), una «organización revolucionaria» creada en agosto de 1936, fue el responsable de los «más de ocho mil asesinatos extrajudiciales» que se produjeron en la capital; muchos, además, se cometieron «antes de la llegada de los agentes de la NKVD a la España republicana». Un joven llamado Santiago Carrillo, dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas y consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, a las riendas de la capital tras la huida del Gobierno a Valencia, «facilitó el necesario apoyo logístico y político» para los crímenes.

El papel de Carrillo en las matanzas comenzó a acaparar interés en las postrimerías del franquismo y al inicio de la Transición. Ruiz recuerda que, en febrero de 1975, Luis Emilio Calvo-Sotelo, hijo del político asesinado días antes del estallido de la Guerra Civil, se «burló» del «aristócrata José Luis de Vilallonga» por participar en la Junta Democrática, una organización opositora creada en julio de 1974 donde intervenían los comunistas: «[Carrillo] asumió personalmente el “timón” de la “operación Paracuellos”», recordó Calvo-Sotelo entonces.

El afán por aclarar las matanzas de Paracuellos llegó a crear situaciones sorprendentes. Ruiz cuenta cómo, a principios de los ochenta, la editorial Argos Vergara publicó dos libros que narraban los crímenes de Paracuellos desde perspectivas encontradas: el del hispanista británico Ian Gibson, titulado «Paracuellos: cómo fue», y el del historiador español Carlos Fernández Santader, llamado «Paracuellos: ¿Carrillo culpable?»

«Pero, pese a todo, poco alivio para el dolor emocional sentido por quienes perdieron a sus familiares en las sacas de Madrid fue el hecho de que el suyo terminara siendo el bando vencedor en 1939. Tratar de minimizarlo equivale a defender la existencia de dos clases distintas de víctimas».

FUENTE: ABC  Leer la noticia completa PINCHANDO AQUI

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