Marzà, el chupacabras bajo la cama.

Hay individuos que me producen repugnancia nada más observarlos. Me
sucedió con José Mª Chiquillo y, también, con… ¡uf, me dan arcadas hasta
citarlo, uf!, el histriónico secundario Canut, el alcalde catalán que baila y se
pedorrea sobre Valencia. Estos son meros actores circunstanciales que sueñan
con el poder y la sopacaumenboca institucional, empleando conocidos
recursos: el Chiquillo vestía como vendedor de El Corte Inglés o especialista
en ovnis; el Canut, más robotizado que el hierático Lerma, nunca dejó de
representar papeles de cariacontecido filántropo proletario. Se les nota la
sobreactuación y, si la situación lo demandara, cambiarían de registro. Son menos dañinos que el tío
este de Castellón.
El consejero Marzà, maestro de
profesión y Master and Commander por
una universidad meapilas y privada
catalana, se convirtiría en fallera mayor
de cualquier circo que defendiera la
catalanización del Reino: Escola
Valenciana, Bloc, Compromís, etc. Es
quien rige la falsa valencianización con
dinero de nosotros. No es un Chiquillo o
Ribó cualquiera. Este tipo sabe que tiene
una poderosa y organizada retaguardia
que, en caso de que la sociedad
valenciana reaccionara en legítima
defensa, siempre le protegería, fuera en
coqueto palacete de Bruselas o masía
de lujo en Sant Cugat del Vallés. Bien
alimentado y pletórico, es de los que
atacan, degüellan a placer y buscan más
víctimas (uso, por supuesto, términos
metafóricos). Recuerdo que, en mi
infancia, me impresionaron unas
vendedoras que arrancaban la piel a
ranas vivas, y lo hacían con el
aburrimiento de quien ejercía un oficio.
Marzá tiene como oficio despellejar al
idioma valenciano y catalanizar a la
sociedad. Él ampara la Enseñanza que,
diariamente, adoctrina catalanismo.
Es un matarife cultural, satisfecho de que en las papeletas del Censo, para votar los
valencianos, figure la corrupción catalana “seva”. Al criminal idiomático de Castellón le produce
especial placer asesinar al posesivo ‘seua’, aunque hasta Alcover —que tenía al colaboracionista
Sanchis Guarner de limpiabotas—, recordaba: “seua… predomina absolutament en el valencià”
(DCVB). Ahora, gracias al comisario Marzà, se premia el uso del catalán ‘seva’. Así, a bayonetazos
de la Administración se logra la unidad de la lengua. Este tío y sus compinches Chimo Puig y Oltra,
supuestos paladines del valenciano, subvencionan al diario ‘Levante’ para que no decaiga la falacia
y, mediante el bufón gráfico Ortifus, siga la sátira contra el valenciano. Un ejemplo es el interés de
El proyecto de liquidar la Cataluña española,
utilizando el catalán como arma excluyente en la
sociedad, presagiaba la Guerra Civil (Nosaltres sols!,
28/05/ 1932) El mismo semanario predicaba la
expansión catalanista, especialmente en la Universidad
de Valencia: «Cal que encara es compenetrin més amb
els de la Universitat del Túria i que s’ajudin en tot i per
tot. Cal… inundar de catalanisme les terres
germanes!». Tras el engaño de la inmersión en catalán,
gracias a tóxicos como Marzá, en el Reino tenemos la
pesadilla de la extrema derecha que nos gobierna,
camuflada de “progresista esta gentuza en usar corrupciones catalanas como
“fons”, y no el clásico vocablo valenciano “fondo”.
¿Para qué explicar que “fondo” pasó del
valenciano al catalán en el 1400? A Marzá, mozo
bien pagado del expansionismo, no le importa. Pero,
siguiendo con mi pereza, me limito incluir algo de
la documentación (tomada del DHIVAM Otony
2019) de esta voz clásica, repudiada por los
profesionales del autoodio:
fondo –mosarabisme cult valenciá, del lletí
fŭndus; cat. fons. Segons Corominas, que
traduixc al valenciá: “Fondo…, per la cantitat
de documentació valenciana, en els autors més
variats y a tot lo llarc del sigle XV, que ya
mostra inequívocament com es trata d´un
mosarabisme. Reforcen esta presunció
derivats propis (del valenciá) y ya antius…:
fondura, fondable, fondó… fondet… El
mosarabisme fondo, desde el fi del sigle XV,
agarrá fortalea” (DECLLC, 4, p.95) El vocable valenciá aná de Sur a Nort, atravesant l´Ebre y
valencianisant el catalá, com reconeix el própit Corominas: “el mosarabisme fondo, desde’l
sigle XV, es consolida … Fondo comensá a pasar l´Ebre; s´en asenyala ya un cas en Barcelona
l´any 1498” (ib. p.95)
fondo “fan una barbacana, e aprés lo vall fondo” (Ferrer, Sent Vicent: Sermons, c.1400)
fondo “clots fondos (…) estret e fondo… fondos ulls” (Martorell: Tirant, C. 1460)
fondo “en un clot tou, / fondo com pou” (Roig: Spill, 1460)
fondo “la vianda… al fondo” (Alcanyis: Regiment, 1490)
El indolente pueblo valenciano que, en gran proporción, lo forman hijos o nietos de murcianos,
manchegos y andaluces que no pudieron escuchar el auténtico valenciano a sus abuelos, son ahora
terminators catalanistas tras 40 años de inmersión, y defienden que hemos sido colonia de los
catalanes en el pasado, y que hablamos catalán. Es un triunfo de los colaboracionistas, que viven
opíparamente y se jubilan con espléndido caudal en cuentas corrientes. El tóxico que hoy gobierna
en Educación es el mismo que afirmaba:
«Los Países Catalanes son una realidad más allá de lo que diga el Estado… Ya llegaremos
nosotros a la consulta rupturista… Sin Valencia no hay independencia… sin desobediencia
tampoco hay independencia y está claro que habrá que hacerlo tanto si quieren como si no»
(Entrevista a Vicent Marzà en Radio Terra, 11 de septiembre 2014)
Lo que calla este monstruo de Gila idiomático es que la susodicha “independencia” sólo nos
degradaría a perros de Cataluña, supeditados a esos catalanes arios de cráneo privilegiado. Aunque
hay que reconocer que son generosos. Gracias a Cataluña, las aguas de Castilla, Álava, Rioja y
Aragón que el Ebro lleva a Tarragona, las trasvasaron al Reino ¿Cómo? ¡No lo puedo creer! ¿Qué
se negaron al trasvase nuestros amadísimos hermanos? Es imposible. Debe ser un bulo de VOX.
¡Ah, claro, ahora comprendo! En aquel semanario catalán Nosaltres sols!, en 1932, sólo nos
prometían «inundar de catalanisme les terres germanes», nada de ofrecer una sola gota de las
que el Ebro vierte al mar todos los años.

Artículo de: Ricart García Moya

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